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miércoles, 27 de abril de 2016

Felices los normales (Roberto Fernández Retamar)

Felices los normales, esos seres extraños.
Los que no tuvieron una madre loca, un padre borracho, un hijo delincuente,
Una casa en ninguna parte, una enfermedad desconocida,
Los que no han sido calcinados por un amor devorante,
Los que vivieron los diecisiete rostros de la sonrisa y un poco más,
Los llenos de zapatos, los arcángeles con sombreros,
Los satisfechos, los gordos, los lindos,
Los rintintín y sus secuaces, los que cómo no, por aquí,
Los que ganan, los que son queridos hasta la empuñadura,
Los flautistas acompañados por ratones,
Los vendedores y sus compradores,
Los caballeros ligeramente sobrehumanos,
Los hombres vestidos de truenos y las mujeres de relámpagos,
Los delicados, los sensatos, los finos,
Los amables, los dulces, los comestibles y los bebestibles.
Felices las aves, el estiércol, las piedras.
Pero que den paso a los que hacen los mundos y los sueños,
Las ilusiones, las sinfonías, las palabras que nos desbaratan
Y nos construyen, los más locos que sus madres, los más borrachos
Que sus padres y más delincuentes que sus hijos
Y más devorados por amores calcinantes.
Que les dejen su sitio en el infierno, y basta.

viernes, 18 de septiembre de 2015

Poema de Charles Bukowski

"La carne cubre el hueso
Y dentro le ponen
Un cerebro y
A veces un alma,
Y las mujeres arrojan
Jarrones contra las paredes,
Y los hombres beben demasiado
Y nadie encuentra al otro,
Pero siguen buscando
De cama en cama.
La carne cubre el hueso
Y la carne busca algo más de carne.
No hay ninguna posibilidad:
Estamos todos atrapados
Por un destino singular.
Nadie encuentra jamás al otro.
Los tugurios se llenan
Los vertederos se llenan
Los manicomios se llenan
Los hospitales se llenan
Las tumbas se llenan
Nada más se llena."

viernes, 21 de agosto de 2015

Sobre el peligro de los libros de auto-ayuda

Como productos de consumo masivo, abundan en tiendas, aceras, pasillos e incluso en los semáforos... Encontramos títulos como "A Orillas del río piedra me senté y lloré", "El caballero de la armadura oxidada", "Volar sobre el pantano", "Quién se ha llevado mi queso", "El monje que vendió su Ferrari", "El alquimista", "Caldo de pollo para el alma" y otros más que restan menos a una visión franca e incluso verdadera del significado de la vida.

Por su puesto que ante esta ofensiva de invasión masiva de los textos de auto-ayuda el aula de literatura no resulta un espacio inviolable. Teme el profesor informado dar libertad de elección de lecturas a sus estudiantes porque eso abrirá de par en par las puertas a Paulo Coelo, Og Mandino y otros nombres que prefiero no mencionar.  El aula entrará en la ensoñación de creer que cuando quieres realizar un sueño el universo conspira a tu favor y entonces se nos tranca el juego, porque si algo caracteriza a la literatura es su cuenta de verdad existencial, su autenticidad ante lo que implica el rudo vivir: el guapeo diario con que enfrentamos la vida, con todos los momentos gratificantes y también los difíciles.

Claro que en el sistema de dominación se nos imponen conceptos (venidos del aparato de mercado y consumo) sobre la felicidad, sobre lo que significa el bienestar (que en realidad es  bien-tener disfrazado): somos una sociedad mercantilista que cotidianamente cae en el triángulo compro-consumo-satisfago. Y estos libracos vienen como un brazo del sistema dominante a satisfacer un mercado: la plusvalía es tanto monetaria como ideológica y esta última es sumamente preocupante ya que se relaciona directamente con la gran mentira del American Dream (el sueño americano) en el que todo lo puedes si (individualmente) te empeñas. Sin embargo lo lamentable radica en que estas lecturas jamás reparan en que vivimos en una sociedad que tiene sistema de clases sociales y mecanismos de dominio impuestos por grupos de poder que hacen prácticamente imposible que logres lo que sueñas. Para estos libros la realidad es lo que es y por ende no puede ser intervenida para lograr cambios sociales. Es claro el marcado individualismo que caracteriza a la bibliografía de autoayuda.

¿Pero acaso el universo conspiró a favor del sueño de Miranda, de Bolívar, de Sucre, de Perú de la Croix o de El Nazareno? ¿Conspiró a favor de Socrates mientras bebía la cicuta? ¿Libró al biólogo Charles Darwin del escarnio al que lo sometió la iglesia católica por explicar su hipótesis científica de la selección natural de las especies y la evolución? ¿Habrá sacado a Galileo Galilei de la celda? Es una total farsa creer que el universo está a favor de nuestros sueños; bien al contrario, desde niños vivimos enfrentando barreras, conquistando a dos manos cada meta que nos planteamos, muchas veces entre constantes frustraciones que por supuesto escondemos, porque el sistema necesita garantizar la euforia, la felicidad; y nosotros, la mayor de las veces sin notarlo, le tributamos a la mentalidad dominante.

Si algo caracteriza al heroísmo y la hazaña es la lucha y la constante frustración. Los grandes hombres que le han inyectado sueños a la humanidad no han contado precisamente con un universo favorable. Cervantes, el escritor de la obra que funda la lengua española, "El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha", muere en un estado de miseria; igual destino tendrá Perú de la Croix, cuya lectura de sus "Diarios" me parece una no simpática purgación de las ideas venidas de la auto-ayuda que sirven para edificar una sociedad del consuelo, del egoísmo y del conformismo.

Son tóxicos y contrarios a una educación emancipatoria los libros de auto-ayuda y resultaría en tragedia cultural, social y política que la escuela en vez de hacer una lectura compartida y vivencial de los "Diarios" de Perú de la Croix, las Cartas de Bolívar, "La Metamorfosis" de Kafka, las "Coplas a la muerte de mi padre", "Mi padre el inmigrante" (Gerbasi) o cualquier texto del canon de la literatura venezolana, latinoamericana y universal que sí da cuenta "sin pelos en la lengua" del fenómeno de existir, se lea un libro que anestesiará la razón de lucha y de conquista, impidiendo un encuentro sincero del lector consigo mismo desde la totalidad que lo constituye (alegría, tristeza, locura, descalabro, error, caos, deslumbramiento, perplejidad, miedo, horror, angustia, desasosiego, momentos de felicidad inabarcable...). Si de algo trata la literatura, es de la posibilidad de deconstruir y reconstruir un mundo más allá de lo que hasta ahora nos han impuesto como realidad.

(Leo J: Bustamante)




viernes, 7 de agosto de 2015